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«Yo soy Teto»: test detector de fake Teto

Fake Teto confirmado, por dentro eres Egen
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Fake Teto confirmado, por dentro eres Egen

Teto 30%, Egen 70%. Te descubrieron. Y tampoco hay por qué ofenderse. No es que imites al Teto. El modo Teto lo sabes encender de verdad. El problema es que solo se enciende delante de la gente. Dices que no, decides y controlas el gesto. Y en cuanto cierras la puerta de tu cuarto, la cara de aquella persona se repite. Perder la partida, soltar un «qué divertido» y repasarla tú solo en casa es lo mismo. La energía de fuera y la de dentro van por separado, así que el día se hace el doble de largo. Pero esta combinación es más fuerte de lo que parece. Decides como un Teto y recoges como un Egen. Por eso te dicen eso de «qué frío eres y qué fácil es estar contigo». Con soltar un poco la pose, ese cansancio doble baja de golpe.

DCBASSS
Teto30%
Egen70%

Tu análisis de personalidad

Frío por fuera, a tope por dentro

Parece que juegas al tira y afloja y no es eso. Tardas en contestar porque no sabes qué poner. Lo reescribes tres veces y mandas la versión más neutra. La otra persona cree que vas sobrado. En realidad quien más mira el teléfono eres tú. Como cuanto más te gusta alguien más corta te sale la expresión, los malentendidos se acumulan. Alguna vez manda el original, el de antes de corregirlo. Ese día todo avanza mucho más rápido.

Decides rápido y lo recoges lento

La decisión en sí te sale rápida y bastante certera. Marcar dirección en una reunión y cortar por lo sano se te da bien. El problema empieza cuando acaba la reunión. El rato que pasas rebobinando el «¿se me ha ido la mano?» dura más que la decisión. Pero gracias a ese rebobinado, en la siguiente reunión no pierdes a nadie. O sea, que no es tiempo tirado del todo. Acabas en un sitio raro donde se decide y además se cuida a la gente. Como te desgasta bastante, con bajar el número de repeticiones queda perfecto.

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Pagas haciéndote el desprendido

Sueltas un «si no es nada» y pagas tú primero. Y en casa abres la app de gastos en silencio. Como te da vergüenza sacar el tema del dinero, tampoco pides que te devuelvan. Lo que no te devuelven pasa a no haber existido. Y luego te da rabia a solas. Aquí lo que se escapa no es dinero, es ánimo. En vez de intentar cambiar de carácter, es más rápido dejárselo a una app de cuentas. Con una regla puesta de antemano, este estrés desaparece entero.