Fake T confirmado, por dentro eres F
T 30%, F 70%. Vas presentándote con un «soy T, yo voy de frente». Pero la medición dice que el lado F es mucho más grueso. Un amigo saca el tema de su ruptura y lo primero que te sale es «uf, no puede ser». El contenido llega después. Abres el chat para señalar algo, le ves la cara y lo cierras. Al final mandas un «buen trabajo» y ya. Anuncias que esta vez sí le plantas cara al que no aporta nada en el trabajo en grupo, y acabas cubriéndolo tú de noche. «Esto hay que decirlo» y «si lo digo ahora hago daño» chocan diez veces al día. Ese es tu estado normal. Cuando te sueltan «¿tú eres T o qué?», por fuera te ríes. Y esa noche la frase te ronda. Decir que eres T no era mentira. Las conclusiones te salen rápido de verdad. Lo que es F son las manos. Saber concluir sin soltar a la gente es una combinación rara.