T de verdad, certificado
T 90%, F 10%. No hace falta que digas «soy T»: en tu entorno ya lo saben. Un amigo te cuenta algo llorando y en tu cabeza se ordena sola la línea temporal. A los tres segundos te sale «¿y qué te dijo exactamente?». No es frialdad. Es que sin saber la causa no puedes hacer nada. Aun así, a veces al otro le sienta mal. Por muy bien que vaya el grupo, si algo no cuadra lo escribes. A tu amigo de hace diez años le aplicas el mismo criterio que a un desconocido. Perder una discusión hasta te alivia. Enterarte de que estabas equivocado es ganancia. Hasta leyendo una noticia cualquiera, lo primero que compruebas es de dónde sale esa estadística. El 10% de F existe. Se enciende con muy poca gente y solo cuando de verdad hace falta. Por eso quien te lo ha visto una vez lo recuerda durante años y te suelta «¿tú también haces eso?».