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«Yo soy F»: test detector de fake F

Zona gris 50/50, sospecha de fake F
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Zona gris 50/50, sospecha de fake F

F 50%, T 50%. Sin veredicto. Más exactamente: según la situación aparece una persona distinta. Sabes llorar con quien llora. Y si la misma historia va por el tercer día, sabes sacar el «bueno, ¿y cómo lo arreglamos?». Las dos cosas son sinceras, ninguna es teatro. Por eso llevas toda la vida sin saber si eres F o T. Si el resultado de tu test de MBTI te ha cambiado alguna vez, eso también es normal. Fuera tampoco se ponen de acuerdo. En la misma semana te dicen «qué persona más cálida» y «eres bastante frío». No es ambigüedad, es que tienes dos canales. Donde hace falta emoción, entras con emoción. Donde hace falta criterio, entras con criterio. A un F le das sensación de estar comprendido. A un T le das sensación de que contigo se puede hablar. Este perfil es más raro de lo que parece. El único efecto secundario es que te van a preguntar «pero tú, ¿F o T?» de por vida.

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F50%
T50%

Tu análisis de personalidad

Te enciendes según quien tengas delante

Con alguien expresivo hablas en clave emocional. Con alguien más seco te ajustas a su temperatura sin esfuerzo. Hasta el nivel de las discusiones lo marca el tono del otro. Por eso oyes mucho el «contigo estoy muy a gusto». El problema es que ajustarte te sale demasiado natural. Ni tú sabes si es consideración o costumbre. Y tu modo por defecto la otra persona no llega a conocerlo. De vez en cuando conviene enseñar primero cómo eres tú.

Hablas los dos idiomas

Sabes meterte en los números y también leer el ambiente del equipo. Si en la reunión las emociones se disparan, ordenas con lógica. Si solo hay lógica y aquello se vuelve seco, sacas el tema humano. Donde hay que coordinar, ahí entras tú. En cualquier organización acabas ocupando el hueco que le falta al equipo. A cambio, es fácil que te caiga el «¿y esta persona qué hace exactamente?». Con ponerte una etiqueta en un área, esa ambigüedad desaparece.

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Entre el impulso y la calculadora

Hay meses de gastar según el ánimo. Y meses de despertar de golpe y abrir la app de gastos. Hasta mirar el saldo lo haces sin ritmo fijo. Como los dos modos se van turnando, al final no hay accidentes. En el cumpleaños de un amigo gastas lo que te pida el cuerpo. Y la semana siguiente recortas en silencio para compensar. Llevas la corrección automática de serie. Sin extremos, el estrés es bajo. Lo único: si no fijas una cifra objetivo, se te van años sin darte cuenta.