¿Soy seguro o evitativo? Test de estilo de apego
¿Seguro, ansioso o evitativo? 15 preguntas para descubrir cómo te vinculas de verdad con los demás — y por qué respondes los mensajes como lo haces.
«Yo soy F»: test detector de fake F

F 30%, T 70%. Veredicto: fake F. Eso sí, sin ninguna mala intención. La reacción la tienes a nivel profesional. El «uf, no puede ser» sale en tres décimas y hasta el ángulo con el que asientes es perfecto. Por eso tú también has creído durante años que eras F. El problema llega a los cinco minutos. Por dentro sube un «bueno, ¿y ahora qué vas a hacer?» hasta la garganta. Tragártelo gasta más energía que empatizar. En la película que hace llorar a todos piensas «con una llamada ahí se arregla». Si de madrugada te llega la emoción, en media hora tienes la causa localizada y ordenada. Eso no significa que no quieras a la gente. Al revés: te pasas días buscando la salida al problema de un amigo. Ese cariño sale en forma de solución y no de consuelo, y ahí nace el malentendido. Con poner delante un «qué duro, de verdad», desaparece la mitad.
Mientras escuchas el problema ya tienes tres soluciones montadas. Sacarlas es, para ti, la mayor muestra de cariño. Y la otra persona se queda con un «yo solo quería que te pusieras de mi lado». En realidad eres quien se pasa la noche con un problema ajeno como si fuera suyo. Lo frustrante es que no hay ni pizca de intención de hacer daño. Antes de dar el método, recoge la emoción una sola vez. Las mismas palabras suenan completamente distintas.
En las reuniones la cara y las reacciones te salen solas. Mientras tanto, la cabeza sigue buscando causas y estructuras. Por eso tu fama es de persona cálida. Y tus resultados vienen del criterio. La combinación es más potente de lo que parece y la confianza del equipo llega rápido. En las reuniones tensas, quien acaba ordenando eres tú. Lo caro es actuar emociones que no sientes: eso te deja seco de camino a casa. Las reacciones que no hacen falta se pueden recortar.
Un «lo compra mi amigo» no te abre la cartera. Casi nunca has pagado algo por presión del ambiente. En cambio, si decides que hace falta, lo compras ese mismo día aunque sea caro. Para bodas y regalos tienes criterio en vez de impulso, así que el importe no baila. Gracias a eso el saldo se mantiene estable. A veces te dicen que eres calculador. La verdad es que con la gente que quieres gastas bastante. Hasta investigas gustos antes de elegir un regalo. Lo único que no sabes hacer es que se note.
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